La verdad es que no dan una

Una de las formas de evaluar la credibilidad de quienes formulan pronósticos es verificar el grado de aciertos que han tenido previamente, de forma que, ahora que la industria del entretenimiento amenaza con horribles cataclismos económicos si no se lleva a la práctica la Ley SINDE en España o SOPA en Estados Unidos, quizá sea bueno comprobar qué nivel de aciertos han tenido estos profetas en casos anteriores. Comprobémoslo.

En los años 20 la industria del disco predijo que la radio acabaría con ellos si no se tomaban medidas. El argumento era que, dado que la radio era gratis, nadie querría comprar sus discos. No necesito decirles que la radio, finalmente, lo que hizo fue aumentar la venta de discos.

En los años 40 las grandes compañías cinematográficas hubieron de prescindir de su principal canal de distribución -poseían el 50% de los cines en Estados Unidos-. Las cinematográficas predijeron que el fin estaba cercano, sin embargo el número de salas de cine creció en los Estados Unidos de 17.000 en 1948. 38.000 en la actualidad.

Cuando apareció la televisión que, como la radio, era gratuita también se afirmó que era el fin del cine. Ya conocen el resultado.

En los 70 aparecieron los Videos que permitían grabar directamente de la televisión. Los empresarios del sector del cine clamaron que ese era el final de su industria. La publicidad de los lobbys del sector en aquella época fue tremenda en USA. La realidad demostró que la aparición del video hizo que los beneficios del sector se multiplicaran exponencialmente. Gracias al nuevo canal de distribución los ingresos por alquiler de videos superaron los de las salas de proyección.

Con este currículum como profetas quizá no sería malo que tuviesen un poquito más de cuidado a la hora de emitir pronósticos y, sobre todo, algo más de respeto con esas personas de las que viven y a quienes llaman “piratas”.

Mejor (ironía) cómprele un Garand

Garand, una eficaz máquina de matar a distancia

Garand una eficaz máquina de matar a distancia

Un Garand es una herramienta notable. Desde 1936 hasta 1957 fue el fusil oficial de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, fue utilizado intensivamente en la Segunda Guerra Mundial, en la Guerra de Corea y, en menor medida, en la Guerra de Vietnam. A día de hoy sigue siendo utlizado en numerosos paises y si mira con atención las imágenes del telediario lo puede ver en uso en los rincones más apartados del planeta.

En manos de “Clint Eastwood” resultó un poderoso argumento persuasivo en “Gran Torino”. Perfectamente capaz de disparar ocho balas sin recargar y reventar a un búfalo a 550 metros; dada su alta eficacia, no es extraño que el general George Patton se refiriese al M1 Garand como “La mejor herramienta de guerra jamás creada”. Ahí es nada.

Pues bien, a día de hoy, en España usted puede comprar un Garand (o un Mauser, o un Mosin Nagant) si dispone de licencia de caza. No está nada mal. Supongo que para cazar elefantes o ballenas, mamíferos propios de la fauna ibérica.

Un marine con su Garand

Un marine con su Garand

A cualquiera le chirría que un cacharro de esa especie pueda comprarse en tales condiciones pero eso es normal (ironía) si consideramos que el Código Penal sólo debe castigar las conductas más indeseables y esta, por lo visto, no lo es, sobre todo si la comparamos con la maldición del siglo XXI (nótese una vez más la ironía): La copia ilegal de canciones o archivos.

Sí, señoras y señores, sí; conforme al artículo 270.3 del Código Penal:

“Será castigado también con la misma pena (prisión de seis meses a dos años y multa de 12 a 24 meses) quien fabrique, importe, ponga en circulación o tenga cualquier medio específicamente destinado a facilitar la supresión no autorizada o la neutralización de cualquier dispositivo técnico que se haya utilizado para proteger programas de ordenador o cualquiera de las otras obras, interpretaciones o ejecuciones en los términos previstos en el apartado 1 de este artículo.”

Esto es, que lleve usted cuidado, que igual su hijo tiene un programa en el ordenador de esos que le sirven para desproteger videojuegos y tiene usted un drama en la familia. Mejor cómprele un Garand, total, solo sirve para matar, cosa de poca monta y, además, estará usted más seguro/a: Aún no se conoce que disparar unas balas haya vulnerado jamás un derecho de autor, que es lo que es verdaderamente importante aquí en España.

Conclusión: Tener un programa de ordenador es delito, tener un fusil de guerra no lo es.

PD. ¡Ultimas Noticias! Se ha descubierto que hasta hoy vulnerar el copyright no ha causado ninguna muerte.

Mickey Mouse y los derechos de autor

Me pide un amigo (que sospecho debe de ser uno de los pocos lectores de este blog) que escriba sobre cierta historia que un día le conté a propósito de Mickey Mouse y del Copyright.  Verdaderamente la historia la conocí en la obra de Lawrence Lessig y, como no creo poder contar mejor que él lo que el mismo cuenta, de su libro “Free Culture: How Big Media uses Technology and the Law to lock down Culture and control Creativity” trascribo los párrafos que cuentan la historia y los completo con algunas referencias que parecen precisas, incluida una versión de “Steamboat Willie” de Walt Disney. Si hay errores en la traducción no me echen la culpa porque va por cuenta de Daniel Álvarez Valenzuela con alguna corrección mía que, sin duda, será errónea.

Y sin más preámbulos vamos a la historia que da razón de ser a este post:

En 1928 nació un personaje de dibujos animados. Un temprano Mickey Mouse hizo su debut en mayo de aquel año, en un corto mudo llamado “Plane Crazy”. En noviembre de ese mismo año, en el Cine Colonia de la ciudad de Nueva York, en la primera cinta de dibujos animados sincronizados con sonido, “Steamboat Willie” dio a luz al personaje que se convertiría en Mickey Mouse.

El sonido sincronizado se había introducido en el cine un año antes con la película “El cantor de jazz“. Su éxito llevó a que Walt Disney copiara la técnica y mezclara el sonido con los dibujos animados. Nadie sabía si funcionaría o, si funcionaba, si llegaría a ganarse un público. Pero, cuando Disney hizo una prueba en el verano de 1928, los resultados no dejaron lugar a dudas. Disney describió así aquel experimento:

“Dos de mis muchachos sabían leer música, y uno de ellos sabía tocar el órgano. Los pusimos en una habitación en la que no podían ver la pantalla y lo arreglamos todo para llevar el sonido a la habitación en la que nuestras esposas y amigos iban a ver la película. Los muchachos trabajaban a partir de una partitura con música y efectos sonoros. Después de varias salidas en falso, el sonido y la acción echaron a correr juntos. El organista tocaba la melodía, el resto de nosotros en el departamento de sonido golpeábamos cacerolas y soplábamos silbatos. La sincronización era muy buena.

El efecto en nuestro pequeño público no fue nada menos que electrizante. Respondieron casi instintivamente a esta unión de sonido y animación. Pensé que se estaban burlando de mí. De manera que me senté entre el público y lo hicimos todo otra vez. ¡Era terrible, pero era maravilloso! ¡Y era algo nuevo!”

El socio de entonces de Disney, y uno de los talentos más extraordinarios en el campo de la animación, Ub Iwerks, lo explica con mayor intensidad:

“Nunca he recibido una emoción mayor en mi vida. Nada desde entonces ha estado a la misma altura”.

Disney había creado algo muy nuevo, basándose en algo relativamente nuevo. El sonido sincronizado dio vida a una forma de creatividad que raramente había sido –excepto en manos de Disney– algo más que un relleno para otras películas. Durante toda la historia temprana de la animación, fue la invención de Disney la que marcó el estándar que otros se esforzaron por alcanzar. Y bastante a menudo el gran genio de Disney, su chispa de creatividad, se basó en el trabajo de otros.

Todo esto es algo familiar. Lo que quizá ya no sepas es que 1928 también marcó otra transición importante. Ese año, otro genio, no de la animación sino de la comedia, creo su última película muda producida de forma independiente. Ése genio era Buster Keaton y la película era…  “Steamboat Bill Jr.. Continue reading

Cuando la tecnología es la ley

Somos capaces de percibir cómo las leyes -a través de constituciones, estatutos, códigos y demás instrumentos jurídicos- regulan el mundo real. En el ciberespacio, por el contrario, debemos comprender cómo un “código” diferente, regula el software y el hardware; software y hardware que hacen del ciberespacio lo que es; software y hardware que, por eso mismo, regulan absolutamente el ciberespacio y son su verdadera ley. (Lawrence Lessig Code 2.0)

El hombre impone sus leyes donde la naturaleza no impone las suyas, por eso, al igual que resulta ridículo legislar contra la ley de la gravedad en el mundo real, resulta imposible legislar en el ciberespacio contra la tecnología y los programas que permiten y definen la naturaleza de dicho espacio. De ahí la genial percepción de Lawrence Lessig al afirmar que, en el ciberespacio, “el código es la ley”.

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La paradoja de los mayas

Uno de los métodos de investigación utilizados por Marc Hauser es plantear dilemas a las personas a fin de investigar sus criterios morales y una de las conclusiones más evidentes es que, en general, a las personas entrevistadas parecen merecerles un mayor reproche moral las conductas realizadas por acción que las realizadas por omisión. Así, en el caso de la eutanasia, en general no parece tan censurable dejar morir a un enfermo desconectándole de las máquinas que le mantienen vivo que ayudarle activamente a morir aun cuando el resultado final sea el mismo: la muerte del paciente.

Nuestros códigos legales, igualmente, sancionan con mayor dureza el daño causado activamente que el daño que permitimos, por inacción, que ocurra. Es el caso, en España, del delito de omisión del deber de socorro.

No parece extraño que el ser humano tenga esa percepción de que las conductas activas son más censurables que las omisivas, pues, si bien lo pensamos, en cada minuto de nuestra vida ocurren en el mundo una infinidad de injusticias que no hacemos nada o casi nada por remediar.

Un caso paradójico frente a éste critero moral habitual es el de los indios mayas

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Piratas y corsarios (II): Cómo atacan los corsarios.

       Ya comenté hace algún tiempo que si copiar archivos sin autorización permitía a la industria llamar a los ciudadanos “piratas”, nada obstaba entonces a que los ciudadanos llamasen a las entidades de gestión “corsarios” (ver “piratas y corsarios“) al dedicarse ellos a la misma actividad salvo que con la debida autorización legal.

Hoy me gustaría hablarles de las estrategias que desarrollan estos “corsarios” para perseguir a quienes ellos denominan “piratas” y, para ello, nada mejor que empezar enumerando los efectivos que componen la marina “corsaria” y su despliegue estratégico. Continue reading

Piratas y corsarios

Hay que reconocer que han tenido éxito. En muy pocos años nos han hecho creer que, ciertamente, todos somos piratas. Todos, de una forma u otra, hemos copiado o bajado de la red alguna canción, película o programa de ordenador vulnerando las leyes de propiedad intelectual. A esa actividad la industria la ha denominado “piratería” y llama “piratas” a quienes la llevan a cabo. La palabra “pirata”, peyorativa y relativa a personas que comenten actos delictivos, ha calado tan hondo en la sociedad que, a día de hoy, todos nos sentimos un poco piratas y todos tenemos un par de pecados que ocultar celosamente. Esta facilidad con que la industria ha criminalizado a la práctica totalidad de la población es algo que me repugna profundamente.

Conviene, por eso, que recordemos que el mundo de la piratería es más complejo de lo que nos quieren hacer creer y que en el mar de internet navegan, además de los piratas, bucaneros, filibusteros y, sobre todo, corsarios. Continue reading

La Comisión Europea ignora a sus propios expertos en materia de copyright y se posiciona a favor de la industria y en contra de los ciudadanos.

       La Comisión Europea encargó hace ya un tiempo al “Instituto para la Ley de la Información” (IViR) la búsqueda de argumentos en contra y a favor de la proyectada ampliación del término de duración de los derechos de copyright. Ahora, su director, el profesor Bernt Hugenholtz ha dirigido una carta al Presidente de la Comisión Europea, Don Jose Manuel Barroso, preguntándose por qué la Comisión ha desoído todas sus recomendaciones. Bernt Hugenholtz afirma que su equipo se quedó atónito al descubrir que sus estudios habían sido completamente ignorados por la Comisión y que esta había afirmado que no necesitaba ayuda de ningún tipo de experto externo.

El profesor Bernt Hugenholtz ha acusado directamente a Durao Barroso de tratar de confundir a los legisladores y a los propios ciudadanos de la Unión Europea. Continue reading

El Parlamento Europeo dice “NO” a la desconexión de usuarios de P2P.

   Por 314 a 297 votos, el Parlamento Europeo ha puesto de manifiesto su oposición a las recientes iniciativas tomadas por diversos paises de prohibir el uso de Internet a aquellos usuarios de P2P que infringiesen de forma reiterada los derechos de autor, la votación se produjo para apoyar una enmienda cuyo texto puedes consultar aquí.  Francia e Inglaterra habían abierto recientemente el debate sobre estas iniciativas.

La pena de todo éste asunto es que las decisiones del Parlamento Europeo son poco menos que testimoniales pues no constituyen normas de obligado cumplimiento. En cualquier caso una buena noticia, veremos cuanto dura.

La presidenta de la Academia de Cine, contra la banda ancha

La presidenta de la Academia de Cine, la Señora González-Sinde, hoy ha revelado la verdadera naturaleza de sus intenciones al hacerse la pregunta: ¿para qué necesitamos ADSL a no sé cuántos gigas?

Esta señora, por lo oído, prefiere una sociedad sin internet donde todos pasen por taquilla a una sociedad que pueda acceder a la cultura de forma sencilla y barata. La primera opción es buena para ella y unos pocos, la segunda es buena para todos. Pues bien, desde hoy ya sabemos cual es la altura ética de miras de esta señora y lo poco que le importa el bien común de todos cuando perjudica al interés particular de los suyos.

Ahora ya sabemos de qué lado está cada quien si es que alguien albergaba dudas.